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Las tres cruces

en el árbol genealógico familiar

Annick PINEAU

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La búsqueda inconsciente de los padres relacionada con el niño está ligada con la totalidad del mito familiar.

 

A fin de sobrevivir y adaptarse lo mejor posible al mundo que lo rodea, el niño deberá, desde su vida intra-uterina, absorber toda la historia del linaje al que intenta pertenecer. Llegará al mundo con el bagaje de los sueños e ideales proyectados de manera inconsciente en su persona.

 

Esta investidura imaginaria que le fue asignada al niño por venir constituye entonces una forma de proyecto que responde a la pregunta: ¿cuál es el sentido que tomó nuestro nacimiento en el seno de nuestro árbol genealógico?

"Family tree of life" por Broderick, FlickR

 

Sumario

  • La cruz de las cases sucedentes: co-nacer

    • El eje VI/XII y el proyecto-sentido dado familiar

    • La casa XII y el entorno prenatal

    • El nombre de pila

    • Hacia el sentido profundo de nuestra existencia

    • El eje III/IX: conciencización y transmisión

 

Traducido del francés por

Lucrecia Insúa ð Lire en français 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Atelier Interprétation

 

Les 13 et 14 juin 2009

à Montaud (Isère, France)

Annick Pineau

astrologue-graphologue

  • L’approche globale du thème à partir d’une demande

  • L’approche technique du thème

  • L’approche psychologique du thème

ð Contactar Annick Pineau

La cruz de las cases sucedentes: co-nacer [1]

 

Esta cruz nos habla del espíritu del hombre en tanto capaz de transformación. Nos enseña que la vida es un movimiento perpetuo y que, por nuestra apertura a los estímulos del mundo externo, nuestra disponibilidad para el mundo, nuestra capacitad de restituir una lógica que tenga sentido a nuestra historia personal, podemos transformar lo que recibimos de nuestra familia biológica para reutilizarlo de manera diferente. Así, encontraremos en esta cruz nuestras capacidades de transformación y trascendencia.

 

El eje VI/XII y el proyecto-sentido dado familiar: el sentido de nuestro nacimiento en el contexto del árbol genealógico.

 

El proyecto-sentido familiar es una expectativa inconsciente colocada en el niño y que se orienta a reparar los sufrimientos del árbol genealógico.

Los padres esperan un niño en función de su propia historia personal y familiar, historia que hizo de ellos lo que son, con sus ideales, sus miedos, las cosas de las que se arrepienten, lo que aman o no, lo que conocen, lo que esperan, su mirada propia de la vida, etc.…. Por ejemplo, hay determinados padres que sueñan con darles a sus hijos lo que no tuvieron y así superar a sus propios padres en tanto que otros pondrán su corazón en reproducir de manera fiel (y en forma leal…) la educación recibida. Es por ello que cuando se sienten inquietos con relación al bebé que está por llegar, lo hacen en función de sus problemáticas propias. Esta sensación se verá muy acentuada si ellos mismos se sintieron rechazados o no deseados o que no respondieron al deseo familiar. Finalmente, el ser humano trae niños al mundo movidos por una mezcla de amor, de necesidades, de miedos, de esperanzas, de lealtades, entre muchos otros sentimientos contradictorios que en su mayoría son inconscientes pero que tienden a mantener una cierta coherencia en el entramado familiar.

 

Esta búsqueda inconsciente de los padres – y de todo el árbol genealógico – relacionada con el niño está ligada con la totalidad del mito familiar.

A fin de sobrevivir y adaptarse lo mejor posible al mundo que lo rodea, el niño deberá, desde su vida intra-uterina, absorber toda la historia del linaje al que intenta pertenecer. Llegará al mundo con el bagaje de los sueños e ideales proyectados de manera inconsciente en su persona, con todo lo que ello implica a veces en términos de culpabilidad, sentimiento de inferioridad, búsqueda de la perfección, etc.…que lo enfrentan en la casa VI…

Esta investidura imaginaria que le fue asignada al niño por venir constituye entonces una forma de proyecto que responde a la pregunta: ¿cuál es el sentido que tomó nuestro nacimiento en el seno de nuestro árbol genealógico?

 

La casa XII y el entorno prenatal

 

Pueden ocurrir infinidad de cosas durante los nueve meses que dura la vida fetal, pueden sobrevenir hechos felices o estresantes. Por otro lado, sabemos que el feto capta los humores que lo rodean…Según sea el ambiente prenatal, el niño estará más o menos dispuesto a abrirse al mundo con confianza, al sentirse esperados y bienvenidos en mayor o menor medida. Determinados especialistas explican que durante la vida intra-uterina, se impregna de los sueños y fantasías de la madre, lo que le permite deslizarse en un lazo de apego a medida con ella. Reconoce su deseo y responde al mismo de una manera apropiada para asegurar su supervivencia.

Por consiguiente, la que prueba la madre durante este período es en particular importante: la edad de la madre, con los tránsitos correspondientes, pueden aclarar nuestra comprensión de ese momento de su vida.

 

El nombre de pila

 

Por lo general, lo más usual es que el nombre de pila se elija durante la gestación y, por ende, forme parte del proyecto-sentido. Existe toda una dimensión del imaginario relacionada con la elección del nombre de pila. Aún cuando el mismo no representa todo un destino en sí mismo, es altamente probable que todas las asociaciones de pensamientos – concientes o inconscientes – que presidieron su elección por parte de los padres, contengan influencias cuyo efecto se podrá hacer sentir en lo que hace a las identificaciones del niño y el lugar que ocupará en la familia.

 

Del proyecto-sentido familiar hacia el sentido profundo de nuestra existencia

 

En la casa XII nos será necesario cerrar, llevar a término lo que está en curso: disolver para reciclar, extraer lo esencial, sublimar los valores expresados por el signo de la casa XII así como de los planetas que la habitan, gracias al discernimiento de la casa VI.

De este modo, para no girar en redondo alrededor de las lealtades familiares invisibles de nuestro eje VI/XII, podemos estar atentos a dejar que estos procesos se realicen en nosotros, como una manera de salir del condicionamiento y liberarse del pasado para vivir el aquí y ahora. 

Sin duda, una suerte de energía permanecerá en el origen de los deseos nuevos, impulsos renovados. Ésta – al igual que cenizas que renacen, tendrá la posibilidad de nacer a la vida y nos permitirá volver a comenzar de cero por nosotros mismos, en nuestra casa I.

 

La casa XII puede ser tanto locura como sabiduría, representa a nuestros ojos interiores. Esto se debe a que dicha casa sugiere levantar el velo para mirar lo que hay detrás de este proyecto que tiene sentido para nuestra familia – pero siempre para nosotros mismos – y descubrir otra riqueza que rige nuestra vida.

El mundo invisible de la casa XII encuentra su réplica en lo visible de la casa VI, allí donde lo cotidiano de nuestras vidas puede intentar unirse al sentido original mencionado más arriba: esta casa sexta puede de esta manera convertirse en un taller donde cada uno de nosotros trabaja para diferenciarse.

 

Después de esto, y sólo después, esta cruz, que permite que cada uno de nosotros encuentre en su interior un sentimiento de pertenencia que trasciende los lazos de sangre, nos enseñará que la genealogía de todos está ligada ante todo a la eternidad de los hombres y luego, sólo a la paternidad y a la maternidad humanas que se realizan en el tiempo. Sin embargo, sin el manifiesto de las casas angulares, no tendríamos acceso a la conciencia invisible que es testigo del sentido último de nuestra vida.

 

La cruz de las casas sucedentes nos enseña entonces que nuestra historia familiar, así como todas las demás, cruza la gran historia humana. Nos pide que no omitamos la presencia divina en el fondo de toda historia, incluida la historia de nuestras raíces. Nos cuenta acerca del orden milenario de las cosas, organización a la cual cada uno nombra en función de su filosofía propia: Dios, voluntad divina, proyecto del universo, karma, destino, plan que emana del cielo, azar, llamado interior, etc.

  

El eje III/IX: conciencización y transmisión

 

La manera en que vivamos este eje III/IX será diferente según la forma en que vivamos el eje VI/XII: sea en forma condicionada por el proyecto-sentido familiar, sea en la conciencia del nuestro proyecto real inscripto en nuestro interior, es decir, el sentido profundo de nuestra vida.

Sin embargo, en la práctica las cosas no son tan exactas y vivimos esta cruz en su dinámica de transformación y mutación permanente. Lo importante es que emane de un proceso conciente.

 

Si aún estamos tomados por las lealtades invisibles del eje VI/XII

 

Resultará difícil en casa III poner palabras bien propias de cada uno de nosotros sobre lo impensable de la casa XII y, por ende, sustraerse del universo matricial sugerido por ese lugar. Respetaremos lo que está bien visto pensar en el entorno familiar y nos olvidaremos de lo que conviene olvidar de él. Sabemos que, en el plano psicológico, la casa III representa una etapa importante del proceso de separación madre/hijo (que se completa en la casa IV) ya que es el momento en el que el hijo osa aventurarse fuera de los brazos de la madre para poder explorar el mundo que lo rodea.

 

Se corre el riesgo en casa IX de conformarnos a los principios transmitidos por la educación acerca de lo que nos conviene o no y de confundir el proyecto-sentido familiar con el sentido verdadero a darle a nuestra vida. Esto ejerce una influencia sobre nuestras ideas, sociabilidad, integración social y, lo que es más importante, sobre lo que transmitiremos a las generaciones que siguen, a las que corremos el riesgo de pasarles el mismo plato, perpetuando de esta manera el pasado. En efecto, la función de transmisión en IX es como una herramienta de ensamblaje y tiene como objetivo perpetuar los recuerdos familiares así como también las particularidades familiares (códigos, leyes, ritos, lealtades, deber de memoria, etc.) de una generación a la otra.

 

 

Si ya iniciamos el proceso para distanciarnos de las lealtades y develar el sentido real que se esconde en nuestra encarnación

 

Podemos entones en casa III, por medio del distanciamiento y la palabra o cualquier forma de expresión, hacer realidad el sentido de la casa XII. Esto es así ya que “decir” significa de por sí poner orden en el desorden de la casa XII y atribuirle un principio de significado. Además, podemos aventurarnos con el pensamiento, las palabras, etc. más allá de los senderos familiares, mientras conservamos al mismo tiempo un sentimiento de seguridad interior,

 

Así, vemos que casa IX ofrece la posibilidad de explorar otros mundos y encontrar allí el lugar que nos pertenece, reunirnos sin miedo con lo que es diferente a nosotros, lo que es extraño a nuestra familia. Asimismo, ya que incorporamos el sentido de nuestra historia, podemos transmitir de forma conciente un sentimiento de pertenencia despojado de la lealtades familiares a las generaciones que nos siguen. La memoria tiene una misión socializadora (Júpiter = sociabilidad) ya que, al transmitir damos modelos, referencias, roles, pautas, posiciones dentro del grupo familiar.

Más allá de nuestro árbol genealógico, la memoria familiar nos une asimismo a un colectivo más amplio, ya que en función del sentido dado a nuestra historia personal, podemos encontrarnos con este colectivo y transmitirle nuestra experiencia.

 

[1] N. del T. En francés connaître significa conocer y naître, nacer. Por lo tanto, el autor hace un juego de palabras: “co-naître” que significaría “co-nacer”: nacer con los otros, nacer en un conjunto (familiar) y conocer.

 

 

 

 

 

 

"Dreaming on" por Eva the Weaver, FlickR

 

 

 

 

"People swinging silhouette" por Pink Sherbet Photography, FlickR

 

 

 

 

"Conformism" por just.Luc, FlickR

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

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La Cruz de las casas cardinales : nacer

Esta cruz, cruz de encarnación, sugiere un umbral a franquear, para ir hacia la vida (casa I), hacia uno mismo (casa IV) hacia los otros (casa VII) y hacia la sociedad (casa X). Cada uno de estos ángulos, por ende, marca el fin y el principio de un modo de relación con la vida y la necesidad de tomar una dirección fundamental.

Les casas de esta cruz representan un primer estadio de evolución que contiene los potenciales de una nueva madurez que será revelada en la cruz de la casas cadentes. Por lo tanto, se refieren a un proceso muy saturniano de separación hacia la conquista de la autonomía.

El eje casa IV/casa X

Se lo considera el eje parental, más allá del desacuerdo astrológico frecuente relativo a la atribución de de las casas IV y X al padre o a la madre. Lo que nos interesa de este eje es discernir el lugar y la función asignados al niño.

En el eje IV/X el niño integra en sí mismo el proyecto-sentido – y sus ambivalencias – que precedieron a su nacimiento en la XII. Lo incorpora de manera notoria en casa IV a partir del lenguaje familiar que está constituido por lo verbal y lo no verbal. Esto es así porque, aún cuando existen las palabras, el lenguaje siempre se acompaña de una gestualidad que, por su movilidad expresiva, intenta completar el significado y el niño pequeño es en particular receptivo – como un animal pequeño – a  estas señales.

La casa IV: el lugar que el grupo familiar nos asigna dentro de su seno y la manera en que éste último alberga lo que nosotros somos. Por consiguiente, esta casa tiene un sentido de territorio: es el terreno psicológico a partir del cual cada uno decide por sí mismo dar su afecto o no, forja su libre albedrío, abre la puerta de su intimidad a quien lo desea.

La casa X: la función atribuida por la familia, lo que ella espera de manera inconsciente de nosotros en el plano de nuestras orientaciones en el mundo, que pueden influenciar nuestras elecciones sociales-profesionales.

El eje casa I/casa VII

Todo el juego yo/el otro propio del eje I/VII está ligado de manera estrecha con las representaciones paternas inscriptas en el eje IV/X. En efecto, la forma en que nos lanzamos al mundo, desarrollamos nuestro espacio personal y nos relacionamos con los demás se origina en lo que nos fue inculcado en el eje IV/X.

Esto significa que los primeros lazos creados, la elección de pareja o de conjunto – al menos desde el comienzo de la vida hasta nuestra juventud – están a menudo influenciados por lo que pasó en nuestra familia. Esta es la razón por la que las estrategias de alianza son frecuentes: estrategias inconscientes que – sin saberlo – harán que encontremos en casa VII seres cuya historia personal tendrán, por ejemplo, historias similares o complementarias a la nuestra. O bien se tratará de encuentros que nos permitirán perpetuar la tradición familiar al “repetir” situaciones idénticas…

Trabajar el árbol genealógico permite, entonces, comprender en profundidad los elementos de nuestra historia familiar subyacentes en nuestras elecciones y actitudes en el plano de las relaciones. Esto será especialmente notorio respecto al lugar que tomemos frente a los demás, lugar que dependerá – al menos al comienzo de nuestra vida – de lo que nos fue asignado en el eje IV/X.

 

 

 

 

 

 "Dreaming is permitted" por Ozyman, FlickR

 

 

 

 

 

 

 

 

La cruz de las cases cadentes : re-nacer

 

Vimos cómo las energías que caracterizan a la cruz de las casas sucedentes (cuando no se las retiene en las redes del pasado) proponen una lectura renovada de nuestra historia a fin de darle sentido y que las energías de la cruz de las casas angulares buscan un impulso nuevo.

  

Entre ambas, está la cruz de las casas cadentes, atrapada – por lo tanto – entre la pulsión de movimiento de las casas angulares y la dispersión/reorientación de las energías de las casas sucedentes.

 

Esta cruz nos propone ser creadores de nuestra vida y ya no dependientes de los condicionamientos propios del pasado. Es el crisol individual donde cada uno puede recrearse a sí mismo, un espacio de libertad donde todo se mueve en un fluir constante y una búsqueda permanente de equilibrio (siempre a recrearse) entre:

  • La herencia espiritual (Cruz sucedente) con el sentido profundo que damos a nuestra vida en la tierra y lo que retransmitimos de nosotros a nuestros descendientes (en función de lo que tomamos conciencia de ella).

  • La herencia biológica (Cruz angulare) con el pasado sobre el que nos podemos apoyar si podemos extraer de él lo que constituirá la piedra angular.

Enfrentar el vacío

El pasaje, la transformación del ser, entonces, se nos ofrece en esta cruz con la creación de un tercer término que será el ser unificado. Sin embargo, a fin de “recrearse” en el eje V/XI, será necesario “pasar por” la casa VIII que se encuentra en la doble cuadratura de este eje. Por otra parte, esta casa es, por definición, un lugar de “pasaje”… es decir, “pasar por” la casa VIII es antes que nada enfrentar el vacío.

Sabemos que la vida existencial no puede estar constituida más que por una alternancia de vacíos y plenitudes y es exactamente lo que nos enseña el eje II/VIII. Sin embargo, no debe confundirse este vacío con la “nada” de la que hablaba Sastre, cuya metafísica a menudo concluyó en un “no-ser” que implica lo absurdo de una vida privada de sentido, con la angustia del ser humano frente a su propia libertad de crear (cruz de las casas cadentes) con la que no sabe que hacer por no encontrarle la dirección (cruz de las casas sucedentes). 

Si le damos un significado a nuestra historia, entonces este vacío no puede confundirse con la nada. Además – dado que está vacío y sólo espera por nosotros para llenarse – pone así a nuestra disposición una creatividad sin límite. Por otra parte, es esto lo que muchas veces nos produce temor…

Es, pues, la energía creativa de esta cruz la que logra que rompamos con las costumbres viejas en el plano del pensamiento, comportamiento, relaciones y todo lo que se vive de manera condicionada y, por ende, repetitiva.

Volverse

Nuestra conciencia hasta ahora orientada hacia la familia, el medio de origen, nuestras creencias, etc., puede, en un momento determinado, llevar su atención más allá de sus fronteras habituales (el Saturno paterno) para no ubicarse más en esta vida en tanto que “yo perteneciente a una familia biológica” o “yo rechazando a la familia biológica” únicamente, sino también en tanto que individuo conectado con el universo. Un individuo que por cierto respeta sus raíces y se apoya en ellas, pero siente dentro de sí un sentimiento de pertenencia igualmente intenso.

Es en ese momento que Saturno « gira » hacia Urano: se convierte en filtro y continente de los valores uranianos que conlleva la individualidad. Entonces se produce el momento en que se crea el “Saturno nuevo”, es decir, las referencias nuevas[2] y reglas así como también un esquema de vida no más sujeto a las pautas paternas sino que representan en adelante un continente para nuestro Urano natal. Aquí encontramos de manera clara a Saturno en tanto que regente de Acuario.

Para ser auténtico y liberador, este cambio de punto de vista necesita el desprendimiento que sugiere la casa VIII y, por ende, el pasaje por todas las emociones – a veces violentas pero liberadoras, retenidas por nuestros ancestros. Necesita que arranquemos del fondo de nosotros mismos las creencias que no coinciden con nuestra naturaleza profunda para aceptar – y no sufrir – las pérdidas del árbol genealógico, los traumatismos familiares dolorosos. Esto equivaldría a “aceptar” en el sentido de cesar en la lucha “contra” un pasado – que de todas maneras no constituye nuestra esencia y no cambiará – y tratar de “vivir con ello”.

De modo que sería perdonar finalmente, en el sentido de renunciar a haber tenido otra vida que la nuestra. No se trata de hacer tabula rasa en este terreno, sino de deshacerse de lo que nos retiene o traba nuestra entrada en el mundo radicalmente nuevo de Urano.

Este cambio brusco puede permitir recomenzar, en casa II, otras formas de vida dado que ahora es posible reencontrar la audacia de vivir (en el sentido de « tomar cuerpo de manera plena ») y forjar nuestra vida mediante la utilización de los talentos de la casa II para actualizar lo precioso de nuestra herencia.

[2] N. del T.: El autor hace un juego de palabras ya que en francés “referencias” se dice repères, que se puede separar en re-“pères” (padres) en el sentido de referencias nuevas, padres recreados.

 

 

 

 

 

 

 

 

"Child walking" por
Pink Sherbet Photography, FlickR

 

 

 

 


Artículo publicado en Sphæris N°21, 19 de mayo de 2009 a las 12h39 GMT - Lille 3°E03' / 50°N38'

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