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La cosmographía del zodiaco

Donat GAGNON

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Desde el comienzo de los tiempos, los astrónomos se interesaron por el orden del universo y el estudio material de los cuerpos que lo habitan. El avance de los conocimientos y las técnicas en materia de astronomía los lleva a interesarse por las escalas del espacio y el tiempo cada vez más vastas, que no pueden medirse en relación a  nuestro tiempo individual.  Las guías para las mediciones dentro de la Galaxia e intergalácticas son estrellas, o bien galaxias. Sus hipótesis y especulaciones son a gran escala, por lo que olvidan o menosprecian lo que está a nuestro nivel individual y social, mientras que el individuo y la sociedad son lo que interesa  a la astrología y su práctica. En líneas generales, la astronomía eligió un conocimiento exterior del mundo despreciando la astrología, que  se ocupa de  un conocimiento del mundo desde una perspectiva  simbólica.

"Cosmographía de Piero di Puccio,
XIVe siècle", por Giovanni, FlickR

 Sumario

 

 

 

 

"Podemos tener la cabeza en el cielo, siempre y cuando no olvidemos que tenemos los pies en la tiera"

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Comprender la cosmografía del Zodíaco nos transporta a la parte de la astronomía de la cual la astrología hace uso. Además de recordar la importancia del Eclíptico como una clave esencial de la cosmografía, el autor demuestra su génesis a partir de un punto de vista terrestre y su valor para las dos perspectivas, heliocéntrica y geocéntrica. ¿Pero, el Zodíaco en su interior? Esta banda de 17°, que cubre el camino del Sol como una ruta asfaltada, tiene toda una historia que todavía provoca rivalidades locales. Un examen más profundo de la cuestión nos lleva a considerar que existen varios zodíacos que conviven bajo la misma insignia. Esto se debe a que algunos hablan de un zodíaco de constelaciones, otros de un zodíaco sideral de doce signos iguales y también existe el zodíaco tropical, que es el más conocido por los occidentales.En este plano, tanto los mismos astrólogos como los astrónomos tienen una confusión. Este artículo brinda a los lectores la información y argumentación que les permita consolidar sus conocimientos sobre la mecánica celeste en la que aquéllos dicen sustentarse.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La importancia del Eclíptico

No alcanza con decir que el Eclíptico es una línea imaginaria alrededor de la Tierra, como a veces se lee por allí, para comprender algo sobre esta noción tan importante de la cosmografía. Decir que es la ruta aparente del Sol alrededor de la Tierra, es correr el riego de confundir el Eclíptico con el movimiento de rotación de la Tierra sobre sí misma, que crea la impresión visual de que el movimiento de los astros es de Este a Oeste. Por cierto, no es el Eclíptico el que explica este movimiento: por el contrario, las luminarias y los planetas circulan más bien de Oeste a Este, por encima del Eclíptico o próximos a él, y su marcha es mucho más lenta que lo que aparenta ser su movimiento cotidiano. Este último es un concepto relacionado con la rotación de la Tierra sobre sí misma, mientras que el movimiento de los astros sobre el Elíptico es un concepto ligado a la gravitación de los planetas alrededor del Sol.

En definitiva, ¿es posible encontrar una explicación convincente para el Eclíptico y demostrar su génesis?

Se puede decir que es la línea que resulta de la relación Sol/Tierra en el transcurso de un año terrestre. ¿Cómo se llegó a trazar esta línea eclíptica y a constatar que los planetas del sistema solar circulan sobre ella o en su proximidad?

Su descubrimiento es muy antiguo. Con su nomon y cuadrantes solares, los Antiguos pudieron trazar el Eclíptico controlando en forma cotidiana la altura del Sol de mediodía. Sobre una hoja de papel o una especie de pantalla de mayor dimensión, registraron las marcas cotidianas del Sol durante un año completo, repitieron la experiencia y modificaron las verificaciones durante varios años. Así, se dieron cuenta de que los registros trazaban una curva sinusoidal armoniosa, comparable a una onda cuya primera parte es un arco de círculo que ocupa la parte superior de una línea horizontal y en el que la onda de la segunda parte ocupa la parte inferior de la mencionada línea. Cuando finalizaba un ciclo ondulatorio y comenzaba otro, los astrónomos deducían por lógica que un año había transcurrido. A partir de ese momento, la curva sinusoidal resultante de los 365 registros cotidianos, más una fracción de 0,24 de día, pasarían a representar el ciclo anual del sol y el corredor por donde pasaban los astros errantes.

 

 

La línea mediana entre los dos arcos de círculo de “la onda” – es fácil imaginarlo – representa el Ecuador celeste; las puntas de los arcos, que franquean la línea recta, representan los equinoccios; y los puntos extremos a los dos lados de la línea mediana (el Ecuador celeste) representan los solsticios y forman las demarcaciones de los círculos de los trópicos. Las posiciones sobre el Eclíptico se registran en longitud a partir del punto vernal contando de 0° a 360°, o bien, comenzando en el signo de Aries, de 0° a 30° y así sucesivamente por los otros once signos del zodíaco. Si los astros – a excepción del Sol – se distancian hacia el norte o el sur de la línea eclíptica, estas distancias, en ángulo recto al Eclíptico, se expresan en latitud norte o latitud sur. Este efecto de latitud nos informa acerca de una particularidad del sistema solar que origina lo que llamamos la banda zodiacal. Las observaciones repetidas revelan que la mayoría de los planetas (Plutón es prácticamente la única excepción) no se alejan tanto del Eclíptico. Para los observadores terrestres, sus oscilaciones en general no sobrepasan 8°30 hacia un lado u otro de la línea (camino) del Sol aparente. Es decir que están casi todos dentro del mismo plano que el Eclíptico y que las desviaciones que se producen con respecto a éste forman una banda de 17°, o sea, la suma de las separaciones latitudinales hacia el sur y el norte. Esto también equivale, en lenguaje heliocéntrico, al plato planetario de un espesor de 17° (dos veces 8°30).

Esta banda respeta el punto de vista geocéntrico pero asimismo lo aplica al heliocentrismo. Si la banda zodiacal representa la oscilación de los planetas con respecto al Eclíptico, definido desde la perspectiva geocéntrica, esta oscilación también constituye una realidad de los planetas que giran en el mismo sentido y en el mismo plano alrededor del Sol (heliocentrismo). Entonces, la banda zodiacal delimita en forma matemática el corredor de los planetas del sistema solar, a excepción de Plutón que parece “formar su propia banda”. De todas maneras, el Zodíaco tropical – sin ser sideral – puede utilizarse para anotar allí las posiciones de las estrellas en longitud y en latitud celestes (o eclípticas)

 

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La banda zodiacal tropical toca el Ecuador a 0° del signo de Aries y luego a 0° de Libra del Zodíaco tropical.

Los Polos N y S son totalmente perpendiculares al Ecuador. Se puede apreciar la línea eclíptica en el centro de la banda. Los signos están divididos en forma igual. Las posiciones planetarias se registran sobre la banda en longitud y latitud del Eclíptico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La elección de un Zodíaco

El zodíaco presentado aquí es el Zodíaco tropical, que es la regla de medida de las posiciones planetarias que comienza a los 0° 0’0” de Aries, en el momento en que el Sol (siempre en el Eclíptico) atraviesa el Ecuador celeste de sur a norte. Los signos zodiacales que se encuentran dentro de la banda de 17° de ancho cortan a ésta y al Eclíptico en 12 partes iguales. No se debe confundir este zodíaco con las constelaciones que son agrupamientos de estrellas unidos por líneas, que evocan símbolos zodiacales.

La desigualdad en los tamaños de estas constelaciones hace suponer que no figuran en los orígenes de la estructura matemática del zodíaco, sino que son marcas que tienen un interés mucho más astronómico que astrológico. De hecho, estamos ante dos sistemas de representación del cielo así como de dos escalas temporales diferentes.

Tratemos de ser simples ante este problema bastante complejo.

Por un lado existen constelaciones desiguales, acerca de las cuales cabe preguntarse si realmente sirven para medir el tiempo.

Por el otro, ciertos trabajos de astronomía y algunos de astrología hablan de un zodíaco denominado “sideral” o “de las estrellas” el cual está estructurado de manera igual (o ideal) a la imagen del Zodíaco tropical. Se puede pensar que los autores de estos trabajos prefieren un zodíaco ideal de estructura matemática… análogo al Zodíaco tropical de los astrólogos.

De hecho, existen dos zodíacos que habitan un eclíptico común:

  • El Zodíaco sideral, que es fijo;

  • El Zodíaco tropical, que es móvil, en el sentido de que retrograda 50’’ (segundos) por año sobre el fondo del Zodíaco sideral. Su estructura es estable: comienza siempre a 0° de Aries que representa el equinoccio de primavera del hemisferio norte.

El gran descubrimiento de la precesión de los equinoccios del destacado astrónomo griego Hiparco realizado hacia 140 A.C. fue lo que permitió determinar esta movilidad retrógrada de un zodíaco estacional sobre el telón de fondo del Cielo de las estrellas fijas. Las referencias celestes, que se deseaban eternas para una interpretación segura, se desplazaban entonces sin cesar al ritmo de la precesión. La precesión que, de hecho, se produce en los lugares de anclaje del Ecuador y el Eclíptico, sería la consecuencia del movimiento de nutación (wobbel en inglés, vacilación u oscilación) del eje de los polos de la Tierra alrededor del punto medio del gran ciclo de la precesión, lo cual impone al Ecuador un desplazamiento retrógrado sobre el Eclíptico.

Durante algunos de los siglos que siguieron, hubo entre los astrónomos-astrólogos una danza  dubitativa entre diversos zodíacos corridos entre sí. Esta situación confusa, de la cual Hiparco mismo fue testigo, sembró el desorden en este teclado de interpretaciones astrológicas. Hasta existió una teoría del “equilibrio precesional” que decía que el punto vernal avanza y retrograda por momentos.

Sea que uno se base en los fundamentos antiguos o modernos, se llega a la conclusión de que el “Zodíaco pretendidamente sideral” de los Antiguos fue de hecho elaborado con las herramientas de observación del Zodíaco tropical geocéntrico. Para no decir que se trataba de un Zodíaco tropical desplazado, que fue investido con una misión nueva, se lo designó como un Zodíaco sideral, testimonio de un gran ciclo. De hecho, este Zodíaco sideral  parece reemplazar al pretendido “Zodíaco de las constelaciones”, en el sentido de que habría sido elaborado como este último, sobre las estrellas, a saber las cuatro estrellas reales, y que representaría de forma simbólica lo que los Antiguos entendían por la Esfera de las estrellas fijas (en razón de su movimiento escaso).

Esta imagen que tomamos prestada a Astrid Fallon muestra dos zodíacos desplazados como consecuencia de la precesión de los equinoccios. En el círculo exterior, los signos del Zodíaco sideral son desiguales y sobresalen de la banda zodiacal en varios lugares. Este hecho confirma que los actuales adeptos al Zodíaco sideral se alejaron mucho de los Antiguos al adoptar el sistema de igualdad del Zodíaco tropical.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Variaciones de la precesión

En los hechos, a los partidarios del Zodíaco tropical no les repugna recurrir al Zodíaco sideral para dar cuenta de los períodos de tiempo más vastos que llamamos las doce Eras y el Gran Ciclo Precesional de 25 920 años. Este último podría ser visto como una memoria de las Eras de la humanidad, una regla de marcas celestes del tiempo que pasa a la escala de los milenios.

Sin embargo, pareciera que la duración de una era (2 160 años) fuera una longitud media y que existen divergencias con los cálculos y mediciones de los matemáticos astrónomos.

El caso también se da a mayor escala, ya que existen variaciones de tiempo o velocidad en el transcurso de un signo (Era) del Gran Año. En la revista Question de N° 62: Astrologie (Albin Michel, 1985), Max Duval recuerda, en su artículo "De l’usage des signes zodiacaux" (Acerca del uso de los signos zodiacales), las conclusiones de la decimosexta asamblea de la "Union Astronomique Internationale" (Unión Astronómica Internacional) - Grenoble, 1976-que se referían a la precesión.

"Las controversias de los astrólogos acerca de la duración del ciclo precesional siempre me divierten", dice. « Dados los coeficientes de aceleración, esta duración no es constante. La velocidad instantánea del punto gama toma los siguientes valores sucesivos: 4984,6568” seculares, o sea un giro por 25 999,784 años del calendario juliano para el año 1. Luego estos valores se convierten en: 5006,8698” seculares, o sea 1 giro por 25 884, 436 años julianos para el año 1000. 5029, 0966 seculares, o sea un giro por 25, 770,026 años julianos para el año 2000. La velocidad de un giro de 25,920 que tanto gusta, no fue válida sino para el año 691”.

Además, la división del Zodiaco sideral en partes iguales no molesta a este autor. Se puede suponer que es por motivos semejantes a los que ya mencionamos. De hecho, propone una idea “sobre el cambio de era” que constituye un argumento de peso a favor del Zodíaco tropical y una negación sólida del “zodíaco constelado”. Un signo trópico que retrocede 30° al encuentro de una estrella-guía cercana al Eclíptico es suficiente para delimitar una era.

"Spinning top sculpture - Wellington" por Kalavinka, FlickR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El punto de vista de Orian

A fin de comprender mejor el fenómeno de la precesión de los equinoccios, diremos que el avance anual de la primavera provoca una separación de los dos zodíacos.

 

Los problemas que surgen del uso del Zodíaco sideral

 

De todas maneras, este Zodíaco sideral presenta algunos problemas y plantea una cantidad de preguntas que se pueden clasificar en dos categorías. A continuación vemos, por ejemplo, algunas preguntas que podrían interesar a los astrólogos que tienen dudas respecto de la elección de un zodíaco.

  • ¿En que signo comienza el Zodíaco sideral o cuál es el grado 0 de su ciclo ya que su inicio no está definido por el punto vernal? ¿Por qué algunos dicen móvil, si está establecido sobre estrellas determinadas? ¿Por qué lo llaman precesional, si es el pasaje del Sol sobre el Ecuador el que es precesional en cada primavera? ¿Por qué existen varios zodíacos siderales como si no hubiera acuerdo en cuanto a su punto de partida? ¿Por qué no existe unanimidad de criterios sobre el período de coincidencia entre ambos zodíacos, el tropical y el sideral? ¿Y porqué, entonces, los “sideralistas diversos” sienten la necesidad de ubicar su zodíaco en relación al punto vernal (tropical o estacional)?

  • Las preguntas del segundo tipo podrían parecerse a lo siguiente: ¿Es el Zodíaco sideral (ideal) en realidad análogo al Zodíaco tropical en el plano de la significación? ¿Resulta aceptable confundir su rol respectivo o sus funciones como se ve muchas veces, o remplazar el Zodíaco sideral con el Zodíaco tropical para hacer los horóscopos individuales y colectivos en períodos cortos? En resumen, suponiendo que haya acuerdo sobre la existencia de múltiples zodíacos en el universo, ¿es correcto hacerlos representar papeles idénticos cuando sus escalas y perspectivas no son las mismas? ¿Desde cuándo la analogía se convierte en identidad?

Es difícil hacer justicia a todos cuando llega el momento de dar cuenta de todos los movimientos en una figura única que los englobaría. Por ejemplo, hemos hablado del Zodíaco tropical, del Zodíaco sideral, de las Constelaciones, que muchas veces se presentan como un zodíaco en sí mismas. A nuestro entender, jamás se encontró una ilustración de los tres en una misma imagen o sobre una misma esfera. El hacerlo implicaría unos esfuerzos semejantes a los que efectuaban los astrónomos-astrólogos de fines del Renacimiento. Sin embargo, demasiada complejidad no sirve a la ciencia, ya que la gente muchas veces prefiere la simplificación a una verdad demasiado compleja.

A fin de ilustrar esta idea y hacer mención al peligro de la simplificación, observemos la forma en que se presenta la Esfera celeste en el sistema heliocéntrico. Es habitual ver allí al Eclíptico revestido de signos iguales del Zodíaco sideral al que se lo asimila por aproximación a las Constelaciones, de las cuales habíamos dicho que no son del todo la misma cosa. Lo que resulta lamentable de este tipo de presentación heliocéntrica es ignorar al Zodíaco tropical y permitir que el lector crea que sólo existe un zodíaco. Esta manera de proceder, que pasa absolutamente por alto el punto de vista terrestre, siembra la confusión en el lector, el observador y el que escucha, que se oye a sí mismo decir que el equinoccio ocurre a 5°11’14” de Piscis en el tercer decanato de marzo en tanto que para nosotros, sobre la Tierra, el equinoccio se ubica sin duda en 0° del signo de Aries. Esta confusión se disiparía por la simple ilustración de los dos Zodíacos. Aún una buena obra sobre astronomía, como la de H.A. Rey – que citamos anteriormente – se permite utilizar este procedimiento dudoso, ignorando totalmente el Zodíaco tropical en la representación de la Esfera celeste.

 

Conclusión

 

En lo que hace a nuestra existencia sobre la Tierra, el punto de vista geocéntrico y tropical no es menos objetivo que el heliocéntrico y sideral.

Es necesario salir del punto de observación imaginario fijado a lo lejos en el espacio que permite, según ciertos trabajos de astronomía, tener la “visión objetiva”, y volver a la Tierra para devolverle al Zodíaco tropical y occidental sus títulos de nobleza.

Las investigaciones sobre el zodíaco realizadas por François Villée refuerzan nuestra impresión de que el Zodíaco tropical es responsable de la división igualitaria de los signos, tanto tropicales como siderales. Del mismo modo, es posible que los nombres de los signos se hayan tomado prestados a las Constelaciones y todavía hoy en día tienen nombres latinos. De ser esto así, es aún más factible que el Zodíaco sideral heliocéntrico sea una deducción del Zodíaco tropical y que su utilidad manifiesta para la astronomía sea explicar la precesión de los equinoccios, producida por la oscilación muy lenta de la tierra. Desde Hiparco, los astrólogos occidentales toman en cuenta este descubrimiento al tiempo que profesan y se ponen de acuerdo casi en forma unánime acerca de su creencia del predominio del Zodíaco de signos tropicales. Por otra parte, en lo que hace a las atribuciones o funciones simbólicas a asignarse a los dos Zodíacos, no es un tema que ataña a los astrónomos sino a los astrólogos.

En lo que se refiere a Orian, pensamos que las tres Esferas, objeto de nuestra demostración, se unen en una única Esfera celeste que toma en cuenta los conocimientos de las dos perspectivas, terrestre y solar. Por lo tanto, mediante este texto creemos aportar un fundamento explicativo a la elección hecha por ORIAN o cualquier astrólogo interesado en trabajar en la vía occidental con el Zodíaco tropical.

He aquí una representación de la Esfera Celeste según la perspectiva heliocéntrica, pero sin la indicación de los signos del zodíaco. Es nuestra opinión que los Zodíacos tropicales y siderales están encuadrados sobre la línea eclíptica con un desplazamiento de 24°48’46’’ entre ambos, lo que se traduce como 0° de Aries tropical en la convergencia del Eclíptico con el Ecuador y 5°11’14” de Piscis sideral en el mismo punto vernal. El desplazamiento entre estos dos zodíacos es válido para el primero de mayo de 2005 y aumentará a razón de aproximadamente 50” por año. El valor 23°30’ para la inclinación de la Tierra es un valor medio de un período de tiempo determinado. Actualmente, ronda los 23°27’.

 

 

 

 

 

 

 

"Door county cosmos"
por WisDoc, FlickR

 


Artículo publicado en Sphæris N°15, el 22 de diciembre de 2008 a las 5h08 GMT - Lille 003°E03' / 50°N38'

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